lunes, 12 de marzo de 2012

Cápsula para la lluvia.

Caen gotas,
y el pasto que se moja
y la calle
que es un río,
arrastra días tristes.

Llueve
sobre nuestra cama, olvidada
desordenada de un lado
enfriándose.

Hoy está lloviendo acá adentro,
por eso abro un paraguas
y te invito a pasar
al abrigo.

Tengo el corazón hinchado
conteniendo
todos los besos que no te pude dar
cuando debería.

¿Estás?
¿Puedo entrar en tu mundo por un rato?
¿Puedo quedarme escondido, ahí, en ese rincón?
Voy con sonrisas, y quieren rodearte.

Hoy, que cae la lluvia
mi amor es un lago
para que saltes
y flotemos, juntos.

martes, 6 de marzo de 2012

Desnudo


Estoy desnudo. Ahora, acá. Mirando fijo esta pantalla.

Hoy más que nunca te necesito. Te necesito junto a mi, para correr y atravesar el mundo. Este mismo mundo de mierda que cada día miro desde afuera, balconeando opciones de vida que me son ajenas. Hoy, cada cosa que miro resulta ajena. Inaccesible. Como si estuviese dentro de una pecera girando inteminablemente. Las rosas del frente son ajenas, porque no tienen quien las huela ni motivación suficiente para asomarse de sus pimpollos. Las cortinas blancas balanceando el aire parecen sacadas de un cuento que otra persona está narrando. Las paredes de colores escupen la alegría de cuando fueron pintadas. De cuándo construíamos este mundito perfecto para encerrarnos a vivir en él.

Cada mañana se vuelve una rosca insoportable en la que tengo que convivir conmigo mismo, solo. Y no es así que pensé mi vida, no. Siempre la pensé compartida, entregando parte de mi ser a ese otro que llegaba para completarme. Pero mientras elaboraba este concepto, en los hechos hacía completamente lo opuesto.

Te lo conté la otra vez: un día, una mañana no tan lejana de Rodó, supe pensar en nuestra pareja y creerme eso de que no eras "el amor de mi vida". De que había actitudes, conductas, aspectos de tu caracter que me molestaban. El sentimiento pasó rápido, porque Johnny Cash nos invitaba a bailar en un sol de sábado y no hay quien pueda negarse a Johnny. Y yo no me puedo negar a vos.
Pero ya me había pinchado la idea, esa imágen se había hecho tumor maligno entre mis neuronas atrofiadas. Ahí quedó, vegetando durante años. Y así, cada tanto, durante esas veces en que te hacés bicho bolita y yo no se cómo sacarte de tu mundo oscuro, la imagen volvía: "no, no es ella".
Así, cada una de las veces que decidimos separarnos, ese fue el anzuelo del que agarrarme. Ahí me prendía para salir a la superficie a respirar, a creerme vivo nuevamente. No, no es ella.
Eso me permitía avanzar, esconderte en un rincón y no verte más. Total, para qué mortificarme pensando en alguien que no es LA persona. Pasaba la escoba y a seguir de largo, la noche que tienta y los culos y las tetas de otras que también.
Lo hice así, más de una vez.
Y cada una de esas veces pensaba que era la última. No habría retorno esta vez, no, porque no eras la persona.
No lo eras.
No lo sos.
Esa persona no existe, nunca existió. Todo fue una invención mía, un artilugio creado en base a mis teorías utópicas de la vida. Existís vos tal cual sos. Así, con todo lo que te hace brillar y con toda esa oscuridad que cargás oculta. Con tus sonrisas matinales y tu flojera nocturna. Con esas ganas interminables de bailar. De recibir mimos. De darlos. Con tu responsabilidad a prueba de sexo y las horas que se pasan y se pasan y yo que te espero. Con tu paciencia interminable y las orejas más amplias de escuchar que alguna vez conocí.
Esa es la persona que existe, vos, pero me llevó tiempo darme cuenta. Y cuando lo hice, ya no estabas. Volabas por otros cielos, saltando de país en país mientras yo trataba de refugiarme en una carpa en el Norte.
Durante años la verdad se dio de frente contra mi, rompiéndome los ojos. Y yo con el gorro calado hasta los hombros, antifaz oscuro para encerrarme en mis pensamientos y evitar que mi alrededor fluya por si solo. ¿Se puede ser más estúpido?

Estaba desacostumbrado a que me golpearan la esencia, acá adentro. A que doliera de verdad. Hacía mucho que no lo sentía, ese gargajo bloqueando el pecho. Años. La certeza crea culos gordos, y así estaba, despatarrado en mi sillón dejando que el pasto crezca. Creía desterrada la impotencia que me lleva a patear el horno y tirar ceniceros en el patio. Me equivoqué.

Tu rostro perfecto, el más común de los rostros perfectos, es la imagen con la cual duermo y el primer pensamiento que asalta mi mente al despertar. y me duele, me duele muchísimo mirar la cama y verla revuelta de un lado solo.
Pero más me duele tener que haber llegado hasta acá para entender. Si, para entender.  Porque no quiero construir un monstruito deforme que habite únicamente mi cabeza, quiero tu hablar con acento del norte y la suavidad con que amortiguás mis golpes al aire. Te quiero a vos. Así. Como sos.

Creo empezar a comprender cómo funcionan las cosas, y así las acepto. Me costó tiempo, sudor y billetes regalados al loquero cada martes. Pero creo haberlo entendido. O empezar a entenderlo. Madurez le dicen por ahí. 

Dirás que el esfuerzo ya estuvo hecho, que por algo las cosas se dan como se dan, que capaz "no estamos hechos para estar juntos". ¿Sabés qué? me cago en esas frases, me cago en quién las dice y en el mundo que las contiene. Porque no me importan. Porque estar juntos es lo único que me mantiene vivo. Porque el corazón me late distinto cuando te acercás y parece que los elementos se alinean y se detienen por un instante.  Porque te miro a los ojos y el brillo sigue ahí, vivo, latiendo. Porque el esfuerzo de construir siempre es liviano si se comparte.

Te amo. Te amo y lo gritaría por ahí hasta descuartizar la garganta, pero ya nadie tiene ganas de escucharme. Lo que tengo de inteligente lo tengo de estúpido, ya lo se. Mis razones a veces se suben a un bulldozer y salen a destrozar el terreno. Y luego, no queda nada. Un campo arrasado, un lodazal inmundo donde se revuelven los gusanos. Ahí estoy metido ahora, hundido hasta el fondo en mi propia mierda, buceando para salir a la superficie.
Quizá me acostumbré a regalar mi felicidad, a no saber conservarla y cuidarla. A perderla por no saber entenderla. A que me la roben de las manos.

Pero no esta vez. No. Levanto mis murallas y pongo a mis perros al ataque, porque esta vez no pienso perder. No. Esta vez quiero abrirme y que el mundo me atraviese como una flecha envenenada, que me destruya el corazón, las vértebras y me deje lisiado en una cama, no me importa.
Sigo caminando en mis nubes acolchadas, pero ahora busco caerme. Caída libre para romperme el cráneo contra el filo de una roca. Porque pienso que es así, abrir mi cerebro en dos y dejar entrar lo que quiera entrar. Y salir, sobre todo dejar salir. Que se escape toda la mierda contenida de años de frustraciones, de querer ser algo que no soy, de mirar un espejo que es de otro y no el mío.
Hoy me entiendo un poco más, me reconozco. Pero cuando me miro, no estás. No estás a mi lado. No hay sonrisas.

Por eso busco morirme cada noche. Acostarme, cerrar los ojos y alejarme en un viaje enroscado, sin escalas. Esperando que llegue la mañana para nacer de nuevo. Para empezar a germinar, fresco y verde, juntando los pedazos esparcidos luego de la explosión. Quizá buscándome logre encontrarte de nuevo.
Ojalá.

Allá abajo se está solo.


27.07.11
Solo quiero dormir. Solo quiero dormir y que el día se vuelva eterno y no despertar más. Al menos no de este lado. Del mundo.
Quiero dormirme y que las cosas se solucionen mágicamente. Plin. Así, de un momento a otro.
Ya no puedo escribir. No puedo. O creo no poder. Mi cerebro se atrofia y piensa que no puede. Pero las manos pueden. Claro que pueden. Tiran y escupen letras como siempre. Si las dejo hacer, ellas van solas. Se mueven. Fluyen. Pero si ese mismo flujo debe entrar a chocarse con la sinápsis neuronal, todo termina reducido a una gran nada.
A un charco de ceros.
¿Cúando fue el momento en que yo me transformé en mi principal enemigo? ¿Cuándo fue el momento en que decidí ser como todo aquello que odio y no deseo ser? ¿Cuándo decidí que las horas ya no valían la pena y que descansar los ojos en páginas de fútbol podrían cambiar el mundo?
¿Cuándo dejé de pensar que podría cambiar el mundo? ¿Alguna vez pensé en que podría hacerlo?
Realmente, no lo sé.
Supongo que si, supongo que toda esta furia contenida tiene un motivo. Si no, durante años estuve acumulando basura en el fondo de casa sabiendo que nunca llegaría una volqueta para deshacerme de ella.
No se quién soy. No tengo idea. No me conozco. O mejor aún, me desconozco. Vivo inmerso en un huracán de críticas sin razón y prejuicios desencajados, escupitajos que me salen de la boca aun cuando yo no lo busco.
Ya ni escribir puedo. Al menos decentemente. Encontrar un adjetivo, no repetirme una y otra vez, armar frases que no se extiendan como un gusano y después hay que cortarlas porque son tan largas que el significado escondido en el primer tramo de la sentencia ya se vuelve innecesario cuando llegamos al final de la lectura.
La ansiedad me carcome. Me tiemblan las piernas, me tiemblan las manos, me tiembla el cerebro. Los pensamientos son inconexos, flojos, vagos. Teorías que empiezan y se pierden entre las nubes como la planta de pulgarcito. Pero cuando subo por la escalera, lo único que hay arriba son nubes. Algodón. Algodón de azúcar, dulce y que pica los dientes. Pero no llena. No me desagota este nudo infernal en medio del estómago. En medio del ser.
Escribir se volvió un mandato, una obligación. Pero en los hechos es solo una mochila enorme que cargo cada vez que voy a la tienda inglesa o camino con el Oso por el fondo.
Soy un vago.
¿Cómo pueden transcurrir horas compadeciéndome de mi mismo? ¿Cómo puedo ser tan patético de responsabilizar al mundo de mis fracasos?
Tengo terror al fracaso. Tengo terror en no saber quién soy, pero menos en no saber quién voy a ser. No puedo saberlo. No quiero saberlo. Me imagino gordo y alcoholico, o drogadicto. No se. Trabajando en esta misma mierda en la que vuelvo a trabajar ahora. Y el hecho que lo vuelve más patético aun, es que creo que mi cerebro nunca se va a callar. Nunca va a tomarse vacaciones. Seguirá pensando y pensando. Demostrándome lo mal que estoy, y lo errado que está todo a nuestro alrededor.
Ok - diré, y seguiré sentado frente a esta pantalla. Si, el mundo es una mierda y no se puede hacer nada para cambiarlo. Nada. Tomarse un helado de postre, al menos. Esas serán mis satisfacciones, pienso. Poder tomar el helado del postre, luego de un asqueroso plato de vegetales que no quiero comer. Pero tengo el helado. Qué rico. Cremita y chocolate para untármela bien en la punta de la pija.
Hay un lugar donde poder ir a reclamar personas perdidas? ¿Existe una ventanilla donde llegar y establecer una queja porque me robaron la esencia? La vida.
¿Quién la robó? ¿Existe eso? ¿O la perdí en el camino y nunca me di cuenta? ¿Será que todos estos años generando platita dulce me atrofiaron la mente?
Me siento bloqueado, jugando al fútbol con pies cuadrados. Y así no le puedo meter un gol a nadie.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Después de las fiestas - Julio Cortázar

Después de las fiestas
Y cuando todo el mundo se iba
y nos quedábamos los dos
entre vasos vacíos y ceniceros sucios,


qué hermoso era saber que estabas
ahí como un remanso,
sola conmigo al borde de la noche,
y que durabas, eras más que el tiempo,


eras la que no se iba
porque una misma almohada
y una misma tibieza
iba a llamarnos otra vez
a despertar al nuevo día,
juntos, riendo, despeinados.

Waking up

It’s like i’ve fallen out of bed
from a long and vivid dream
The sweetest flowers and fruits were hanging from the trees
Falling off a giant bird that’s been carrying me

It’s like i’ve fallen out of bed
from a long and vivid dream

Just exactly as I remember
Every word, every gesture
I’ve my heart in my mouth

Like I’m falling out of bed
From a long and weary dream
Finally I’m free of all the weight I’ve been carrying

And as that woman blows her cover
In the eye of the Beholder
I’m a fish now, out of water

Falling off a giant bird that’s been carrying me

I fell open, I lay under
At the tea parlour
I lost your number
And once it’s over
Hid back under

And if you think this is over
Then you’re wrong

If you think this is over
Then you’re wrong

If you think this is over
Then you’re wrong
(Wake me up, when you wake me up)
If you think this is over
Then you’re wrong
(Wake me up, when you wake me up)
Like I’m falling out of bed
From a long and weary dream
Finally I’m free of all the weight I’ve been carrying

Wake me up
Wake me up
Wake me up
Wake me up
Wake me up
Wake me up
Wake me up

nuevamente, gracias Thom.

Gran Salto

Tardecita en salto
y el auto pasa despacio los lomos de burro de la rambla.
La gente corre y camina a los lados
otros frenan a mirarse
y no ven el sol.

Observás el agua calma
y me contás cosas
de casi cada persona
que nos cruzamos.

Giramos el dial, enloquecido
de dar vueltas
y no dar con un sonido
que goce nuestros oidos.

Entonces ponemos un viejo CD
con tapa fotocopiada
y dejamos que Paul nos cante
mientras lo acompaño en coros.

Te miro dulce
mientras te recito las estrofas
y nos miramos tierno,
de saber que otro helado más
coronará la tarde.

Pasamos otro lomo de burro,
rozás mi mano.
El sol hace brillar tus lentes viejos
y vos me hacés brillar la mente
otra vez.

jueves, 3 de noviembre de 2011

El auto del tío


21:39 
Subo al auto. Es un ford, destruido por la desidia del tío que mientras se abandona a si mismo hace otro tanto con su medio de transporte. Sospecho que ya no le importa. Sospecho que quizá quiera morir, porque desplazarse con el corazón enyesado por los días inmundos de calor se vuelve un peso insoportable.
Levanto a T y a Ciro. La charla deriva a temas estúpidos de la televisión. Es inevitable, pero la información me llega y me llaga. Datos inútiles de gente que desea encerrarse en una casa para que la filmen. Personas que parecen ser famosas. Conocidas. Escucho que la mierda está en la TV y busca ablandarte la ilusión, pero igual la prendo de a ratos.  Es inevitable: el show de colores baila en la pantalla y capta mi atención. Así, hipnotizado e idiota voy día a día por el mundo, con lentes negros para tapar las ojeras de dormir sentado, la  computadora cayendo a un lado y la baba que corre por la comisura.
La cita es en la casa de P, recién llegado de su viaje coital post ceremonia religiosa. Él es feliz, ella es todo claridad y transparencia. Lucen bien, rebozan alegría. Tienen paredes amarillas en el corazón. Paredes de polifón, que se aprietan y vuelven a su lugar, pero nunca se rompen, nunca caen. P es un dandy del tercer mundo, un equilibrista de la noche.  No le importa, ciertas cosas le pasan por al lado y nunca se entera. Porque hay que seguir, porque hay procesos que deben ser cumplidos, porque si. Porque así debería ser la vida y la familia y los hijos y las lunas de queso y dulce de leche y de miel.
Te rompen el orto a diario, a cada minuto, y vos salís corriendo a comprar vaselina para que no duela.
Así no. Así no va a funcionar. Nunca.

01:11
Manejo enajenado por Rondeau. Derecho. La calle es ancha, entonces puedo bandearme a los lados sin problema, eludir un 582 con una gran parábola y volver a mi senda. Acelero. El Ford del tío responde, a pesar que sus pedazos se caen. El amortiguador es un despojo, no tiene limpiaparabrisas, no funcionan las luces. Pero él sigue adelante, tozudo. Es encenderlo y el motor ruge acelerado, pasado de vueltas, como pidiendo que lo liberen y lo dejen disparar por un camino perdido.
Gano velocidad. Quiero hacerme mierda contra el camión que cruza el semáforo. Lo veo a lo lejos y hundo el acelerador hasta que hace tope. El ruleman de la capota produce una vibración constante, cíclica. No hay luces, así que ilumino con una linterna. No importa, no interesa. Solo quiero llegar hasta el  camión e incrustarme en medio de la caja, ahí, justo debajo de donde dice "maersk".
El vidrio bajo y las pelusas que pasan de largo. Sopla viento dulce y me pega en la cara; la resaca de alcohol se despeja, total, para que la quiero si no pienso cogerme ni los dedos con la puerta. Cambio la radio, sin despegar los ojos del camino. Raya amarilla corriendo equidistante de las ruedas, ocupando el centro de la calzada. Todo Rondeau es mío, hasta el olor a pescado.
Siento vibrar el guardabarro delantero, sujeto con sendos pedazos de cinta scotch. El ford del tío me pide guerra, quiere suicidarse con dignidad.
Lo embuto de nafta. Corré puto, corré. Allá está el camión blanco, en medio de la mira. Lo miro, la mira. Me mira. Es un camión esbelto, violeta con rayas en la cabina, se mueve lente como una oruga; mientras, yo soy una pelusa de plátano más. Quiero trancarme en la garganta de ese camión, quiero hacerlo regurgitar las vísceras, quiero atravesarlo y aparecer al otro lado, limpio, nuevo, los cachetes rosados y olor a jabón de bebé.
Ahí voy. Despegado. Le apunto. Estoy decidido a partir porque es el momento y el lugar y porque ese camión tiene un nombre bastante feo en el costado. No me importa más nada. Quiero morirme ya, enroscado entre fierros.
Llego al semáforo. La luz es roja. Es obvio que voy a frenar.
Lo hago.

02:20
Regina salta generando espasmos de gimnasta olímpico. Se retuerce en el aire, gira, vuelve a apoyarse y corre tras su pelota acolchada.  Le tiro la pelota acolchada. Lo hice solamente porque me levanté de la cama, abandoné la forma hundida y fui tras ella, más curioso que el gato y dispuesto a morir por ello.
Regina perseguía una cucaracha. Marrón y alargada, ésta presentaba un buen tamaño, de esas que hace rato no veía. Inmediatamente me acordé de J. No es que ella quiera a estos insectos, más bien lo contrario. Quizá por ello es que la recordé. Su fantasma está más presente que nunca, sobrevolando mi cabeza con su olor a perfume dulce y sus pañuelos de colores. La cucaracha se mezcla con el piso, se confunde con las manchas de la madera, ojos oscuros que siembran de vetas el suelo. La pierdo de vista.
Salgo al patio y la busco chancleta en mano. Regina piensa que juego, entonces corre despavorida hacia el living y me grita que le lance el balón. Lo hago, desganado. No quiero jugar, no ahora. Ella insiste, entonces debo tirarlo y esperar que corra como un futbolista. La domina, la para de pechito y la deja en la cocina. Ahora el mismo ejercicio hacia el otro lado. Me aburrí. Ella me mira con ganas de más, insaciable.
Vuelvo al cuarto. Sé que la cucaracha me vigila. Escondida entre el zócalo y la pared, me vigila. Sabe mis movimientos, y espera a que me duerma para apoderarse del cuarto. Volvieron.  Ellas volvieron.

02:34
 
La cucaracha aparece, tímida, camuflándose entre las vetas del piso. Mira. Estudia el panorama. Regina ya duerme sobre el colchón cómodo, ajena a todo lo que pasa. Me armo de la chancleta y me desplazo sobre ella. Le pego fuerte, en el medio del cuerpo. Golpe seco. La aplasto y ella suena con su sonido craaack tan típico de cucaracha aplastada. Riego el piso de tripas. Tripas de cucaracha muerta.
Necesitaba una muerte esta noche.